me cagüen la ley!, así decía un juramento del Imperio (mañoaragonés) que el arrugado conoció en su infancia
dice que era como la versión civil de otros juramentos más teológicos... una especie de testimonio anarquista: ni dios, ni amo, ni ley, paso previo a la transgresión y al fundirte a hostias...
me cagüen la ley, qué gracia