domingo, 28 de junio de 2009

POR ANDAR VESTIDA DE HOMBRE (gracias Olga)


Más conocida por el escándalo sexual que la llevó a la cárcel y a la deportación definitiva de Cuba en 1824, Enriqueta Favez es redescubierta ahora por González Pagés como una mujer de su tiempo que, como tantas otras a lo largo de la historia, se rebeló contra el poder masculino y lo hizo de la única manera que era posible: pasando por hombre.
"Desafió el poder hegemónico como guerrera, médica, enamorada, presa y monja", asegura el cubano, coordinador de la Red Iberoamericana de Masculinidades.
Nacida el 1 de abril de 1791 en la ciudad suiza de de Lausana, según la hipótesis más divulgada, se casa a los 15 años con Juan Bautista Renau, un oficial de Cazadores de las tropas francesas de Napoleón Bonaparte, y a su lado emprende toda la campaña bélica de Alemania. "Vi morir a mi marido, quedando viuda a los dieciocho años, y quedé sin hijos al morir mi única hija a los ocho días de nacida", contó durante uno de los momentos de la causa que se le abrió en esta isla caribeña y cuyos detalles aparecieron en 1860 en la publicación seriada La Administración, conservada en la Biblioteca Nacional de Cuba.
No llevaba mucho tiempo sola cuando Favez se viste de hombre y declara ser oficial militar para iniciar los estudios de medicina en la Universidad de París. Graduada en 1811, se alista como cirujano en el ejército francés, participa en la fracasada campaña de Napoleón Bonaparte contra Rusia y cae prisionera en España. Finalizada la guerra, parte a la isla de Guadalupe, en 1814, y de ahí se va a Cuba "sin mudar de traje, así vestida de hombre como estaba acostumbrada y bien hallada en libertad, porque vestida así podía ejercer mi profesión y fortuna, sin idea de hacerle mal a nadie y mas bien con la idea de socorrer con mi oficio a los necesitados", como ella misma narra.
Instalada en la ciudad oriental cubana de Baracoa, a unos 990 kilómetros de La Habana, Enriqueta logra tener una clientela numerosa en los sectores acaudalados, pero también brinda sus servicios gratuitos a personas pobres y recorre largas distancias para educar a personas analfabetas, incluidos esclavos y libertos negros. En uno de esos viajes al pueblo de Tiguavos, el 20 de abril de 1819, conoce y se enamora de Juana de León, quien se encontraba enferma y en la absoluta pobreza. Tras proponerle ayuda, Enriqueta inicia todos los trámites necesarios para realizar el matrimonio que la llevaría años después a la cárcel.
Aunque durante el juicio Juana de León aparece como la víctima-engañada, el epistolario entre las dos mujeres, consultado por González Pagés, parece demostrar que Enriqueta confesó su verdad a Juana antes de llegar al matrimonio y que ambas, de mutuo acuerdo, deciden seguir adelante con la historia. "Nunca te culpé por lo que pasó, fueron todos ellos los que no entendieron que nos amábamos pese a todo", afirmó Faves en una carta fechada en Nueva Orleans, el 23 de mayo de 1846. Conocida en esos días como Sor Magdalena, Enriqueta pasa los últimos años de su vida entre Nueva Orleans, y Veracruz y Guadalajara en México, donde donó parte de su caudal a los pobres de solemnidad, ejerció como enfermera en el enfrentamiento a epidemias y fue partera de mujeres presas.
Muere 10 años después que Juana, en 1856. "El cementerio donde estaba enterrada en Nueva Orleans fue dañado por el huracán Katrina, en 2005. Ni su cadáver sobrevivió", comenta González Pagés, entusiasmado ahora con las opciones de "un libro digital y ecológico, realizado en un lenguaje atractivo para las generaciones más jóvenes". "La vida de Faves es un canto de trasgresión en el pasado que nos llega hasta el presente. Si pensamos, los debates que tenemos hoy son minúsculos frente a lo que debieron vivir mujeres como ella. El ser humano está trasgrediendo normas desde que vivimos en sociedad", afirma el historiador. Según Pagés, autor de otro libro de historias de cubanas, "Favez fue una mujer que quiso transgredir las normas de género, no de sexo. Así lo dijo en el juicio: se vistió de hombre porque se sentía más respetada. Nunca pudieron aniquilarla, ni con juicios ni normativas".

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