gracias matías,
nunca parece que lleguen tarde, medita el arrugado, a menudo se reúnen tantos como para una boda, una comunión, un bautizo, los ve, son cientos, al final de la recta del campillo donde arrancan las empinadas cuestas que te cambian de valle, y una risa condescendiente le invade cuando recuerda aquel que se levantó entre los pinos y lo confundió con una gallina... gorda y grande.
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